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VIGILAR (TE) Y CASTIGAR (TE)

La escritura diaria, al menos desde cierta perspectiva, supone un diálogo vigoroso con uno mismo: es este atender a la conciencia y darle materialidad a través de la palabra; discutir con un mismo lo que se percibe y lo que se piensa; lo que se siente a partir de aquellas percepc iones. Tiene su lado abrumador eso de poner (te) atención todo el tiempo. Entiendo, en parte, porqué es que no nos damos por enterados de casi nada: cómo es que nuestra atención se fija en lo que se fija y decide, deliberadamente, ignorar el resto. No hay energía que alcance para llevar el registro diario de la conciencia que supondría, sí, la antesala de la buena escritura: al menos desde cierta perspectiva.

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